Hola a todos. Soy Alex, y hoy les traigo algo diferente. Este es el Hospital General San Lucas, abandonado desde los años 90. Dicen que aquí ocurrieron experimentos ilegales. Las puertas están selladas, pero encontré una entrada trasera. El aire huele a humedad y algo más... algo metálico.
Estoy entrando por el sótano. La oscuridad es casi total, solo la luz de mi linterna. Hay escombros por todas partes: sillas rotas, papeles esparcidos. Escucho goteos constantes. Mis pasos hacen eco en este silencio sepulcral. Ya siento que no estoy solo aquí dentro.
El pasillo del sótano parece interminable. Las paredes están cubiertas de moho y graffiti descolorido. De repente, mi linterna ilumina algo en el suelo: huellas. Huellas frescas, de barro, que se dirigen hacia adentro. Alguien estuvo aquí hace muy poco. Me estremezco.
Decido seguir las huellas. Me llevan a una puerta de metal oxidada, entreabierta. Desde dentro proviene un olor penetrante: desinfectante mezclado con algo dulzón y nauseabundo. Escucho un sonido bajo, como un zumbido eléctrico. Mi corazón late con fuerza.
Empujo la puerta lentamente. La habitación está iluminada por una luz tenue, como de emergencia. Es una antigua sala de almacenamiento, pero hay estantes con suministros médicos: vendas, guantes, frascos. Y todo parece... reciente. No polvoriento como el resto.
Me acerco a un estante. Los guantes están en paquetes sellados, no vencidos. Los frascos tienen etiquetas legibles. Esto es imposible. Este lugar lleva décadas abandonado. De repente, escucho un portazo a lo lejos. Alguien cerró una puerta. Estoy atrapado.
Salgo corriendo de la sala, pero el pasillo ahora está oscuro. Mi linterna parpadea. Las huellas frescas continúan, más profundas. Sigo su rastro, temblando. Llego a una escalera que sube a la planta principal. Arriba, veo una luz que se mueve. ¿Una linterna?
Subo las escaleras con cuidado, cada crujido me delata. La planta principal está en ruinas: ventanas rotas, techos colapsados. Pero en el suelo, hay un rastro de algo húmedo y oscuro. Me agacho: es sangre. Fresca, aún pegajosa. Alguien está herido aquí.
Sigo el rastro de sangre. Me lleva a lo que fue la sala de espera. Hay sillas volcadas, y en el centro, una camilla. Sobre ella, hay una sábana blanca manchada de rojo. Me acerco lentamente. La sábana cubre algo con forma humana. No me atrevo a tocarla.
De repente, escucho pasos rápidos detrás de mí. Me giro, pero no veo a nadie. El sonido viene del pasillo contiguo. Decido investigar, dejando la camilla atrás. Entro en un corredor largo, con puertas a ambos lados. Una está entreabierta, con luz dentro.
Empujo la puerta. Es una antigua sala de operaciones. Los instrumentos quirúrgicos están dispuestos sobre una mesa, brillantes, como si acabaran de ser esterilizados. En la pared, un reloj marca la hora actual. Esto no tiene sentido. Alguien está usando este lugar.
Salgo de la sala, confundido y asustado. En el pasillo, veo una figura al final, de espaldas, vestida con una bata médica. Grito '¡Hola!', pero la figura desaparece tras una esquina. Corro hacia allí, pero solo encuentro otra puerta cerrada.
La puerta tiene una ventanilla. Miro a través: es una morgue. Hay varios cuerpos cubiertos con sábanas, pero uno está descubierto. Es un hombre joven, pálido, con incisiones frescas en el pecho. Retrocedo horrorizado. Esto es una carnicería reciente.
Escucho risas bajas, distorsionadas, provenientes de un altavoz en el techo. 'Bienvenido, visitante', dice una voz robótica. 'Has llegado justo a tiempo para el experimento'. Las luces parpadean. Las puertas a mi alrededor se cierran con un clic automático.
Estoy atrapado en este pasillo. Las risas continúan. De una rejilla de ventilación, cae un papel. Lo recojo: es un informe médico fechado hoy. Describe procedimientos ilegales con pacientes vivos. Firmado por 'Dr. M'. Esto es una pesadilla hecha realidad.
Forzo una de las puertas cerradas. Da a una sala de rayos X. La máquina está encendida, emitiendo un zumbido bajo. En la pantalla, veo una imagen borrosa: parece un esqueleto, pero con algo extraño en la columna. Algo no natural, implantado.
Salgo de la sala y encuentro un ascensor. Los botones están iluminados. Pulse el de subida, pero no funciona. Entonces, el ascensor baja solo, desde un piso superior. Las puertas se abren: está vacío, pero huele a cloro y sangre fresca.
Entro en el ascensor, buscando una salida. Las puertas se cierran. De repente, se enciende una pantalla: muestra imágenes de cámaras de seguridad. Me veo a mí mismo en tiempo real, explorando. Alguien me está vigilando. El ascensor sube solo.
El ascensor se detiene en el último piso. Las puertas se abren a un pasillo impecable, bien iluminado, con paredes blancas. Esto contrasta brutalmente con el resto del hospital. Escucho el sonido de un monitor cardíaco: bip, bip, bip constante.
Sigo el sonido hasta una habitación. Dentro, hay una cama de hospital con un paciente conectado a máquinas. Está consciente, me mira con ojos desesperados. Intenta hablar, pero solo sale un susurro: 'Ayúdame... él viene...'. Escucho pasos afuera.
Me giro hacia la puerta. Allí está el hombre de la bata médica, el Dr. M. Lleva una máscara quirúrgica, pero sus ojos brillan con locura. 'Has interrumpido mi trabajo', dice con calma. 'Pero ahora eres parte del experimento'. Saco mi cámara para grabar.
El Dr. M se acerca lentamente. 'Este hospital nunca estuvo abandonado', explica. 'Solo cerrado al público. Aquí perfecciono la fusión de tecnología y carne humana'. Señala al paciente. 'Él fue el primero. Tú serás el siguiente'. Retrocedo.
De repente, las luces se apagan. Solo la tenue luz de las máquinas ilumina la habitación. Escucho al Dr. M moverse en la oscuridad. El paciente grita. Corro hacia la puerta, pero está cerrada. Forcejeo con el picaporte. Finalmente, cede.
Salgo al pasillo y corro hacia las escaleras. Detrás de mí, oigo al Dr. M persiguiéndome, sus pasos resonando. Bajo los peldaños de dos en dos, tropezando en la oscuridad. Llego al sótano, donde empezó todo. La entrada trasera está bloqueada.
Busco desesperadamente otra salida. Encuentro una ventana rota, lo suficientemente grande para pasar. Escucho al Dr. M acercándose, hablando suavemente: 'No puedes escapar, el experimento debe continuar'. Me lanzo por la ventana, cayendo al exterior.
Caigo en un arbusto, raspándome. Me levanto y corro hacia mi coche, estacionado a lo lejos. No miro atrás. Al llegar, veo que todas las ventanas del hospital están ahora iluminadas, como si estuviera en funcionamiento. Arranco el motor y me alejo rápido.
En casa, reviso el footage de mi cámara. Todo está ahí: las huellas frescas, la sangre, el Dr. M. Pero en las escenas más oscuras, veo sombras moviéndose, formas que no noté en el momento. Y al final, una figura me observa desde una ventana.
Subo el video a YouTube, con advertencias. En horas, recibo comentarios de otros exploradores: dicen que el hospital sigue 'abandonado', pero algunos reportan luces y sonidos. Uno menciona haber visto a un hombre con bata médica merodeando por los alrededores.
Días después, recibo un paquete anónimo. Dentro, hay un informe médico con mi nombre, fechado para la próxima semana. Describe un 'procedimiento de fusión'. No hay remitente. Mi teléfono suena: número desconocido. Al contestar, solo escucho risas distorsionadas.
Este es mi último video. Si están viendo esto, es porque algo me pasó. No exploren lugares abandonados sin cuidado. Y si ven el Hospital San Lucas, corran. Él todavía está allí, buscando nuevos sujetos. Cuídense. Y recuerden: a veces, lo abandonado no está muerto.